El secadero · Riego de la Vega, León
Curación natural,
como antaño
En nuestro secadero leonés dejamos que el clima haga su trabajo: secaderos naturales, tiempo y oficio. La tecnología acompaña; no sustituye.
Las seis fases de nuestro jamón
Partimos de las mejores materias primas, de cerdos de raza ibérica seleccionada y certificada, y de más de cincuenta años de oficio.
Recepción y control
Extremamos los controles para que cada materia prima llegue en condiciones higiénico-sanitarias impecables, con un sistema APPCC (análisis de peligros y puntos de control crítico) y la cadena de frío garantizada desde el primer minuto.
El salado justo
Jamones y paletas se entierran en sal el tiempo justo — ni un día más. Buscamos un producto final con bajo contenido en sal, que deje hablar al ibérico.
Lavado y conformado, pieza a pieza
Cada pieza se lava y cepilla una a una para retirar la sal adherida, se escurre y se conforma a mano, para que la curación sea lo más homogénea posible.
Asentamiento
En las cámaras de asentamiento, la temperatura sube gradualmente mientras baja la humedad: la pieza se equilibra por dentro y se prepara para el secadero.
Secaderos naturales
La fase más larga. Cuando las condiciones de las cámaras igualan a las del secadero natural, las piezas pasan a reposar largos meses. El calor del verano leonés funde la grasa con el magro y despierta, de forma natural, el aroma, el color y el sabor de cada pieza.
Bodega de afinamiento
El último reposo, en bodega de maduración, redondea la textura y el sabor hasta el punto exacto. Solo entonces una pieza está lista para llamarse Castanoble.
Instalaciones diseñadas para aprovechar el clima
Los 5.000 m² del secadero — cámaras de salado, asentamiento, secaderos naturales con cubierta traslúcida y bodega — están pensados para que las condiciones naturales del entorno leonés marquen el ritmo de la curación. Ese toque tradicional, con las garantías del control de calidad actual, es lo que diferencia a nuestras piezas.