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Castanoble — Maestros del jamón

El jamón ibérico es bueno para la salud

Equipo Castanoble · 6 min de lectura

Publicado el 11 de mayo de 2018 · Actualizado el 9 de julio de 2026

El jamón ibérico es bueno para la salud

No todas las comidas deliciosas están reñidas con una alimentación cuidada. Tras más de 40 años curando diferentes variedades de jamones ibéricos y serranos, lo hemos comprobado en nuestra propia mesa: se puede comer con cabeza mientras se saborea algo realmente delicioso, como el jamón ibérico.

La dieta mediterránea es más que una dieta: es toda una filosofía de vida basada en una forma distinta de alimentarnos, cocinar los alimentos, compartirlos y disfrutar de nuestro entorno. Una dieta en la que tan importante es lo que comemos como la forma en que lo hacemos.

Dentro de esa forma de comer, los productos de siempre —el aceite de oliva, las legumbres, el pescado y también el buen jamón— se disfrutan en raciones sensatas y en buena compañía. Ahí es donde el jamón ibérico encuentra su sitio: no como un capricho aislado, sino como parte de una mesa variada.

Qué aporta el jamón ibérico de bellota

Al jamón ibérico de bellota se le atribuye un perfil nutricional muy interesante para lo sabroso que es: un aporte calórico contenido y un contenido en proteínas destacado. De hecho, se suele señalar que puede aportar en torno a un 50 % más de proteínas que las carnes frescas.

Además, contiene elementos antioxidantes y vitamina E, así como vitaminas del grupo B, entre ellas la B1 y la B2: se suele indicar que 100 g de jamón ibérico cubren aproximadamente el 24 % de la cantidad diaria recomendada de esta última.

Rico en minerales

También debemos añadir que el jamón ibérico es rico en minerales:

  • Hierro
  • Magnesio
  • Zinc
  • Fósforo: se suele señalar que 100 g de jamón ibérico aportan aproximadamente el 30 % de la cantidad diaria recomendada

Una grasa distinta: el papel del ácido oleico

Aunque el jamón ibérico de bellota tiene una cantidad considerable de grasa, esta procede principalmente de las bellotas que come el cerdo y presenta una alta proporción de ácido oleico, el mismo tipo de grasa característica del aceite de oliva. Por eso, dentro de una dieta equilibrada, se la suele considerar más interesante que otras grasas de origen animal, y se ha asociado a un mejor equilibrio entre el HDL (el llamado «colesterol bueno») y el LDL (el «colesterol malo»). En cualquier caso, conviene recordarlo: hablamos de un alimento, no de un medicamento, y para cualquier cuestión de salud la última palabra la tiene siempre un profesional sanitario.

Por lo tanto, la clave está en la moderación: disfrutado en cantidades razonables, el jamón ibérico puede tener cabida en una alimentación cuidada. Como referencia orientativa, una ración de 50 g ronda las 150 kcal, y hay quien lo incluye incluso en dietas hipocalóricas, siempre bajo criterio profesional, porque cada persona y cada dieta son distintas.

Con moderación y buena compañía, el jamón ibérico permite disfrutar de algo realmente delicioso sin renunciar a una alimentación cuidada.

La moderación: la ración con sentido común

Cuando hablamos de disfrutar del jamón cuidándose, la palabra clave es moderación. Una ración razonable de jamón bien cortado rinde muchísimo: unas pocas lonchas finas, servidas en su punto, llenan el plato de sabor sin necesidad de grandes cantidades. Nuestra recomendación de casa es sencilla: mejor poco y bien servido que mucho y de cualquier manera. Emplatar solo lo que se vaya a comer en el momento ayuda a controlar la ración y, de paso, a que cada loncha llegue a la mesa en su mejor momento.

Cómo servirlo para aprovecharlo al máximo

El jamón se disfruta más —y cunde más— cuando se sirve bien. Conviene sacarlo un rato antes de llevarlo a la mesa para que pierda el frío y la grasa se atempere: es entonces cuando la loncha se vuelve brillante y el aroma se despliega del todo. Las lonchas, siempre finas, casi transparentes: así la grasa se funde en el paladar y el sabor se reparte mejor. Y si tenéis la pieza entera en casa, lo sensato es cortar solo lo que se vaya a consumir; el resto se conserva mejor en la propia pieza que ya cortado.

Ideas para llevarlo a la mesa (y a la cocina)

El jamón ibérico brilla solo, pero también es un comodín estupendo en la cocina de diario. Algunas ideas sencillas, muy de dieta mediterránea:

  • Sobre pan con tomate y un hilo de aceite de oliva virgen extra: el desayuno o la cena rápida de toda la vida.
  • Con fruta fresca, como el clásico melón con jamón, un contraste que nunca falla cuando aprieta el calor.
  • En ensaladas, aportando el punto sabroso que permite aligerar otros aliños más pesados.
  • Coronando unos huevos, unas verduras a la plancha o una crema de temporada, añadido al final para que no pierda su aroma.

Comprar con criterio también es cuidarse

No todos los jamones son iguales, y elegir bien es parte de comer bien. Nuestro consejo es fijarse siempre en el etiquetado —que indica la alimentación y la raza del cerdo— y comprar a productores de confianza que puedan contar qué hay detrás de cada pieza. En nuestro caso, llevamos más de 40 años curando jamones, y esa trayectoria se nota en la regularidad de cada pieza. Y un apunte práctico: si en casa sois pocos o el consumo va a ser lento, los formatos loncheados o las piezas deshuesadas pueden ser una compra más sensata que una pieza entera.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto jamón ibérico se puede comer al día?

No hay una cifra única que valga para todo el mundo: depende de la dieta, la actividad y las circunstancias de cada persona. Como referencia orientativa, una ración de unos 50 g de jamón ibérico ronda las 150 kcal. La pauta sensata es la de siempre: raciones moderadas dentro de una alimentación variada y, para dietas concretas o situaciones especiales, consultar con un profesional sanitario.

¿El jamón ibérico engorda?

Ningún alimento engorda o adelgaza por sí solo: lo que cuenta es el conjunto de la dieta y las cantidades. El jamón ibérico, tomado en raciones moderadas, puede tener cabida en una alimentación cuidada, como recogemos en este artículo. Y tiene una ventaja: al ser tan sabroso, con poco basta para quedarse satisfecho.

¿Qué tiene de especial la grasa del jamón de bellota?

Que presenta una alta proporción de ácido oleico, el mismo tipo de grasa característica del aceite de oliva, y que procede principalmente de las bellotas que come el cerdo. Por eso, dentro de una dieta equilibrada, se la suele considerar más interesante que otras grasas de origen animal. En cualquier caso, la moderación sigue siendo la norma.

¿Cómo conservo el jamón en casa para disfrutarlo en su punto?

Si es una pieza entera, lo ideal es un lugar fresco, seco y alejado de la luz directa, cubriendo la zona de corte con su propia grasa y un paño limpio para que no se reseque. Si es jamón loncheado, conviene consumirlo pronto una vez abierto y sacarlo un rato antes de servirlo, para que se atempere y recupere todo su aroma.

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